CRÍTICAS de ESTRENOS: RUFUS, LA SERPIENTE QUE NO SABÍA NADAR
CRÍTICAS de ESTRENOS: RUFUS, LA SERPIENTE QUE NO SABÍA NADAR
"Puede parecer una historia para los más pequeños, pero termina dejando una reflexión sobre el miedo y la confianza que también llega a los adultos."
SINOPSIS
En el corazón del océano, una comunidad de serpientes marinas vive en una isla secreta, protegida por el humo mágico del Tío Ludovic, mitad monstruo marino, mitad dragón. Entre ellos se encuentra el joven Rufus, que prefiere pasar tiempo solo y realmente no encaja, especialmente porque no sabe nadar.
Cuando ocurre un desastre y el Tío Ludovic pierde sus poderes para proteger la isla, es hora de que Rufus dé un paso al frente y salve a su familia. Pero, ¿será capaz de superar su miedo más profundo?
OPINIÓN
Sinceramente, no esperaba demasiado de Rufus, la serpiente que no sabía nadar, y quizá por eso acabó sorprendiéndome más de lo que imaginaba. Es una de esas películas que, a simple vista, parecen ir dirigidas únicamente a los más pequeños, pero que terminan escondiendo un mensaje bastante más cercano de lo que parece. No porque descubra nada nuevo, sino por la forma tan sencilla y honesta con la que habla de algo con lo que cualquiera puede sentirse identificado: el miedo.
La premisa ya me arrancó una sonrisa desde el principio. Una serpiente marina que no sabe nadar suena casi a chiste, y precisamente ahí está parte de su encanto. Es una idea absurda, sí, pero también muy ingeniosa. Al final deja de importar si tiene sentido o no, porque esa incapacidad acaba representando todos esos complejos que alguna vez hemos tenido y que nos hacen pensar que no estamos a la altura de los demás.
Lo que más me gustó fue Rufus. No intenta ser el héroe perfecto ni el personaje gracioso que está soltando bromas cada dos minutos. Es inseguro, duda constantemente y muchas veces preferiría esconderse antes que enfrentarse a lo que tiene delante. Y eso hace que resulte muy fácil cogerle cariño. Me parece mucho más interesante seguir a alguien que tiene miedo y aun así decide avanzar que a un protagonista que parece tener siempre la solución para todo.
La historia tampoco pretende complicarse la vida. Es bastante sencilla y, siendo sincero, no cuesta demasiado imaginar hacia dónde van a ir los tiros. Hay momentos que se sienten previsibles y algún tramo en el que me habría gustado que pasaran más cosas o que el ritmo fuera un poco más ágil. Pero, curiosamente, nunca tuve la sensación de que eso fuera un problema importante. La película sabe perfectamente cuál es su objetivo y no intenta venderte algo que no es.
La animación me pareció agradable. No deslumbra ni busca impresionar constantemente, pero tiene personalidad. Hay un estilo muy propio que le sienta bien a la historia y acompaña ese aire de cuento que transmite durante toda la aventura, da la sensación de estar viendo ese cuento ilustrado que cobra vida. A veces parece que estamos tan acostumbrados a exigir un despliegue técnico enorme que olvidamos que una película también puede entrar por la simpatía de sus personajes y por la forma en la que consigue conectar contigo.
Y ahí es donde creo que está su mayor acierto. Habla de la ansiedad, de la inseguridad y del miedo al fracaso sin convertirlo en una lección pesada. Todo surge de manera bastante natural. No hace falta que un personaje se marque un discurso para entender lo que quiere contar. Basta con ver cómo evoluciona Rufus para darse cuenta de que muchas veces el obstáculo más grande está en nuestra propia cabeza.
Hubo incluso algún momento en el que me vi reflejado. No porque tenga miedo al agua, evidentemente, sino porque todos hemos sentido alguna vez que éramos los menos preparados para afrontar una situación. Esa sensación de pensar que el resto parece desenvolverse con facilidad mientras tú solo ves problemas es mucho más común de lo que creemos. La película consigue trasladar esa idea con bastante sensibilidad y sin caer en el dramatismo.
También agradecí que no necesitara recurrir a un humor exagerado para mantener la atención. Tiene momentos divertidos, claro, pero no vive obsesionada con hacer reír cada pocos segundos. Deja espacio para que los personajes respiren, para que las emociones tengan importancia y para que la aventura avance sin prisas.
¿Es una película que voy a recordar durante años? Probablemente no. Creo que le falta un poco más de fuerza para dejar una huella realmente importante. Pero tampoco siento que lo necesite. Hay historias que simplemente buscan hacerte pasar un buen rato y, de paso, recordarte algo tan básico como que enfrentarse a los propios miedos suele ser mucho menos terrible de lo que imaginamos.
Al terminar me quedé con una sensación bastante agradable. De esas películas que no necesitan grandes giros ni escenas espectaculares para funcionar. Tiene corazón, unos personajes con los que resulta fácil conectar y un mensaje contado con mucha naturalidad. Puede que no sea la propuesta más ambiciosa del año, pero sí una de esas historias sencillas que consiguen sacarte una sonrisa y recordarte que, muchas veces, el valor no consiste en no tener miedo, sino en seguir adelante a pesar de él. Y solo por eso, creo que merece la pena darle una oportunidad. Buena lección para los más peques de casa.





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