CRÍTICAS de ESTRENOS: BALANDRAU, VIENTO SALVAJE
CRÍTICAS de ESTRENOS: BALANDRAU, VIENTO SALVAJE
"una película que emociona y atrapa. Relato humano de supervivencia que brilla por su técnica y sensibilidad… aunque en ocasiones se deja llevar por la emoción"
Escrito por: Magdalena Otsu del Río
Título Original: Balandrau, vent salvatge
Duración: 116 minutos
Dirección: Fernando Trullols
Guion: Danielle Schleif. Novela: Jordi Cruz
Reparto: Álvaro Cervantes, Bruna Cusí, Marc Martínez, Eduardo Lloveras, Àgata Roca, Anna Moliner, Pep Ambròs, Francesc Garrido, Jan Buxaderas, Corentin Lobet, Rai Borrell, Rubén de Eguia, Adrián de Núñez, Carles Gilabert, Eric Seijo, Nia Tosas
Fotografía: Miquel Prohens
Música: Arnau Bataller
Género: Drama / Thriller / Aventuras
Distribuidora en Cines: Filmax
Fecha de Estreno en Cines: 20 de Febrero de 2026
SINOPSIS
El 30 de diciembre del 2000, un grupo de amigos se disponen a realizar el ascenso al Balandrau. El sol acompaña a los montañeros hasta que, en cuestión de minutos, todo cambia de forma imprevisible. Un viento salvaje conocido como 'torb' desencadena la peor de las tormentas de la historia de los Pirineos.
OPINIÓN
Escrito por: Magdalena Otsu del Río
Fernando Trullols se suma ahora a la lista —cada vez más concurrida— de películas de catástrofe y supervivencia que han vuelto a asaltar las salas. Tras una larga y sólida carrera en cortos y series, y después de trabajar mano a mano con J. A. Bayona en títulos como Lo imposible y La Sociedad de la Nieve, Trullols firma su primer largo centrado en la tragedia del 30 de diciembre de 2000 en los Pirineos catalanes. El punto de partida es conocido: un grupo de excursionistas que sube al Balandrau y ve cómo su salida se convierte en una lucha por la vida.
Partiendo del libro del meteorólogo Jordi Cruz —Viento salvaje, crónica de una tragedia en los Pirineos— y del documental homónimo de 2021, la guionista Danielle Schleif dramatiza los hechos con algunas libertades. La narración se focaliza en Josep Maria Vilà —uno de los supervivientes— su pareja y tres amigos, a quienes conocemos durante las celebraciones de Navidad. Ese enfoque íntimo sirve para humanizar la historia, aunque también deja fuera matices del grupo original.
El reparto funciona: Álvaro Cervantes encarna a Josep Maria Vilà con solvencia; Marc Martínez, Bruna Cusí, Anna Moliner y Pep Ambròs completan el grupo principal y sostienen la primera mitad de la película. En el bando de los rescatistas destacan el dúo padre-hijo Cisco y Bernat Carola (interpretados por Eduardo Llaveros y Jan Buxaderas) y la figura de Artur, encarnada por Francesc Garrido, que introduce una tensión más humana y compleja. En conjunto, los intérpretes consiguen que la primera parte conecte emocionalmente con el público.
Técnicamente, el film deslumbra: Trullols demuestra oficio y experiencia propia de alguien curtido en grandes producciones. El montaje es ágil cuando toca serlo; la mezcla de sonido está trabajada y llena de matices; y la puesta en escena transmite de manera efectiva el desasosiego y las condiciones extremas —las temperaturas, la ventisca y las toneladas de nieve aparecen como enemigos reales—. Según las referencias del propio Josep Maria Vilà, esas secuencias rozan lo que vivieron los protagonistas en 2000, y el film lo refleja con contundencia.
Sin embargo, esa humanización pende de un hilo: en varios momentos la película coquetea con el sentimentalismo. La banda sonora, por ejemplo, tiende a subrayar lo emocional casi constantemente; para algunos espectadores eso amplifica la empatía, para otros empalaga y resta margen a la sobriedad del drama. Es una elección que puede entenderse —la intención de acercarse al sufrimiento humano es clara— pero que también debilita la fuerza del thriller cuando la historia pide contención.
La primera mitad consigue conectar: conocemos a los personajes, empatizamos y entendemos la montaña como antagonista absoluto. En la segunda parte, el foco cambia hacia los equipos de rescate y las familias, y ese cambio altera el ritmo: la acción deja paso a una cadencia más lenta, contemplativa. Aquí la película gana en sensibilidad y en relato coral, pero pierde algo de la tensión urgente que había construido al inicio. La carrera contra el tiempo se siente más medida que tormentosa —no porque los stakes sean menores, sino porque la puesta en escena prioriza el dolor y la espera sobre la adrenalina.
Hay también una voluntad explícita por rendir homenaje a los héroes que participaron en el rescate. Trullols apuesta por una representación pulcra y respetuosa que, en ocasiones, suaviza los aspectos más incómodos y violentos de la búsqueda. Esa decisión estética y moral transforma el tono de la cinta: la solemnidad prevalece sobre la crudeza. Para quien espere una resolución épica y despiadada, el desenlace puede quedarse corto; para quien valore el retrato humano y la memoria respetuosa, la elección está justificada.
En definitiva, la película nace como un homenaje cargado de emoción: recuerda la ferocidad de la naturaleza y pone en primer plano la vulnerabilidad humana llevada al límite. Puede incurrir en sensiblería, sí, pero esa sensibilidad responde a la intención de honrar a los supervivientes y a quienes acudieron a ayudar. No es un film perfecto: sacrifica algo de tensión por compasión, y su banda sonora subraya más de la cuenta. Pero, al mismo tiempo, es un trabajo técnicamente impecable y honestamente comprometido con su materia.
Si buscas una reconstrucción fielmente emocional de la tragedia del Balandrau —con actores que sostienen el relato y una dirección técnica sólida— esta película cumple. Si esperas un thriller implacable, tal vez te deje con ganas de más dureza. En cualquier caso, lo más valioso aquí es su voluntad de recordar y poner rostro a la fragilidad humana frente a lo impredecible.






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