CRÍTICAS de ESTRENOS: EL SENDERO AZUL
CRÍTICAS de ESTRENOS: EL SENDERO AZUL
"un viaje emocional que te recuerda, sin filtros, que el tiempo no espera a nadie: una fábula sobre la vejez, la libertad y todo lo que aplazamos creyendo que 'ya habrá tiempo'. Cine brasileño con alma, belleza y un mensaje que duele porque es verdad"
Escrito por: Andrés García
Título Original: O Último Azul
Duración: 84 minutos
Dirección: Gabriel Mascaro
Guion: Gabriel Mascaro, Tibério Azul
Reparto: Denise Weinberg, Rodrigo Santoro, Miriam Socarrás, Adanilo, Rosa Malagueta, Clarissa Pinheiro, Dimas Mendonça, Daniel Ferrat, Heitor Lóris, Rafael César, Isabela Catão, Daniela Reis, Diego Bauer, Aldenor Santos, Tony Ferreira, Karol Medeiros, Erismar Fernandes Rodrigues, Júlia Kahane, Robson Ney, Luana Brandão, Italo Rui, Amanda Costa, Italo Bruce, Matheus Sabbá, Paulo Queiroz, Wallace Abreu, Jôce Mendes, Rhuann Gabriel, Arthur Gabriel, Maria Alice, Ana Oliveira, Maurício Santtos, Klindson Cruz, Isadora Gibson
Fotografía: Guillermo Garza Morales
Música: Memo Guerra
Género: Aventuras / Drama
Distribuidora en Cines: Karma Films
Fecha de Estreno en Cines: 12 de Diciembre de 2025
SINOPSIS
Tereza, de 77 años, ha vivido siempre en una pequeña ciudad industrial de Brasil. Un día recibe una notificación oficial del gobierno para trasladarse a una colonia remota, creada para que los jubilados pasen "sus últimos años” y así dejar espacio a los más jóvenes para que sigan siendo plenamente productivos. Pero en lugar de aceptar este destino impuesto, Tereza se rebela y decide embarcarse en un viaje transformador por el Amazonas, para cumplir un último deseo antes de que le arrebaten su libertad. Esto marcará su vida para siempre.
OPINIÓN
Cuando el cine brasileño te mira a los ojos: El sendero azul y la urgencia de vivir
Escrito por: Andrés García
Desde que Aún estoy aquí pegó el salto internacional y acabó incluso rozando los Oscar, el cine brasileño parece haber despertado algo grande. Y no ha sido flor de un día. Solo en 2025 han llegado varias películas que han puesto a Brasil en el centro del mapa cinéfilo: El agente secreto arrasó en Cannes, mientras que Homem con H, Manás y El sendero azul han salido muy reforzadas de festivales como la Berlinale o la Seminci. No es casualidad, es una racha que habla de talento y de historias que conectan.
Porque si algo demuestra El sendero azul, la película de Gabriel Mascaró, es que lo local puede tocar fibras universales. La cinta se sitúa en una Brasil distópica donde el propio país se convierte casi en un personaje más. A partir de ahí, Mascaró construye una historia muy concreta que acaba resonando en cualquiera, esté donde esté. Lo que hace universal a la película no es renunciar a su identidad, sino justo lo contrario: abrazarla y convertirla en una seña de personalidad y de fuerza estética.
La premisa es tan sencilla como inquietante. El gobierno obliga a las personas mayores de 80 años a trasladarse a unas colonias para vivir en comunidad, liberando así a los más jóvenes de tener que cuidarlas. Tereza aún tiene tres años antes de que le llegue ese momento, pero de repente todo cambia: la edad se adelanta y solo le quedan unos días para abandonar su vida tal y como la conoce. A partir de ahí, pierde su independencia, especialmente la económica, y se enfrenta de golpe a una realidad para la que no estaba preparada.
Ese golpe vital es el corazón de la película. Tereza se da cuenta de todo lo que ha ido dejando para más adelante, de todo lo que no ha hecho porque creía que tenía tiempo de sobra. Siempre escuchamos eso de "la vida es muy corta", pero mientras la vivimos suele parecer larguísima. El problema llega cuando miramos atrás y descubrimos que el tiempo ha volado y que hemos procrastinado más de la cuenta. Tereza llega a esa conclusión tarde, sí, pero no se resigna. Decide pelear por lo que quiere con una filosofía muy clara: para lo que queda, mejor vivir de verdad.
En ese viaje, el río Amazonas se convierte en su propio camino de baldosas amarillas, aunque aquí no hay deseos que pedir, sino libertad que conquistar. El río y la selva funcionan como aliados silenciosos, casi como personajes, mientras que el gobierno, aunque nunca tenga un rostro claro, actúa como el villano de la historia. Su presencia se nota en pequeñas decisiones que acaban teniendo un impacto brutal en la vida de las personas.
La película también lanza una reflexión muy incómoda: nacemos siendo dependientes y morimos siéndolo, pero la forma en la que la sociedad afronta esas dos etapas es completamente distinta. En la infancia, cuidar es una obligación moral; en la vejez, parece algo negociable. La colonia funciona como una metáfora muy clara de las residencias: por bien que estén, no dejan de ser un lugar al que se envía a alguien querido, quitándole parte de su libertad y empujándolo a una vida desconocida.
El sendero azul acaba siendo una auténtica oda a la libertad. Una película que te recuerda que nunca es tarde para descubrirte, para cumplir sueños y para no dar por sentadas las decisiones que otros toman por ti. Y todo ello envuelto en una historia potente, una fotografía impresionante, un guion muy bien armado y una banda sonora que acompaña cada emoción. De esas películas que no solo se ven, sino que se sienten y se quedan contigo bastante tiempo después de que aparezcan los créditos.





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