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CRÍTICAS de ESTRENOS: GREAT FREEDOM

CRÍTICAS de ESTRENOS: GREAT FREEDOM

"...Meise ha optado por traer a la pantalla un 'a pesar de' que comporta una resiliencia consciente y vulnerable pero nunca cínica ni romantizada"

Escrito por: David Rodríguez

Título original: Große Freiheit

Duración: 117 minutos

Dirección: Sebastian Meise

Guion: Sebastian Meise, Thomas Reider

Música: Nils Petter Molvaerr, Peter Brötzmann

Fotografía: Crystel Fournier

Reparto: Franz Rogowski, Georg Friedrich, Anton von Lucke, Joachim Schoenfeld, Thomas Prenn, Fabian Stumm, Ulrich Faßnacht

Distribuidora: Vértigo Films España

Fecha de Estreno en Cines: 25 de febrero 2022

SINOPSIS

En la Alemania de la posguerra, Hans Hoffmann es encarcelado en tres ocasiones distintas a lo largo de 25 años. Pese a la gran liberación llevada a cabo por las fuerzas aliadas, el artículo 175 del código penal alemán sigue condenando la homosexualidad. En cada uno de sus ingresos en prisión, Hans entabla una peculiar relación con su compañero de celda Viktor, haciendo comprobar a ambos que cierta belleza puede florecer allí donde parece que no hay humanidad.

OPINIÓN

Escrito por: David Rodríguez

Nos podríamos retrotraer varios siglos y seríamos testigos de cómo las personas, cuya sexualidad no era precisamente bien considerada en términos legales, morales e incluso científicos, han logrado edificar espacios liminales en los que abandonarse a los placeres. Incluso previo a la propia creación de la noción de homosexualidad, los sujetos que osaban darse al acto nefando elaboraban sus propias técnicas de sortear un sistema opresivo. Sin descanso, el amor y el sexo no normativos han sabido materializarse a pesar de todo a lo largo de la historia.

Ese "a pesar de" es lo que Meise ha optado por traer a la pantalla. Un "a pesar de" que comporta una resiliencia consciente y vulnerable pero nunca cínica ni romantizada. A partir de una labor archivística y de investigación, el director nos trae un testimonio real aunque no concreto de una realidad de la Alemania tras la guerra. Es un retrato de la intimidad – que brota aun cuando las circunstancias son sangrantemente limitantes – premiado en Cannes el pasado año.

La interpretación de Franz Rogowski no hace sino aportar a la brillante dirección de Meise. El protagonista, cuya trayectoria recae incesantemente en la cárcel, crece ante nuestros ojos. El joven y traumatizado Hans de los años 40 aprende a desenvolverse en los ambientes más hostiles. Y no lo hace a través de una dureza amenazante, sino mostrando una vulnerabilidad desvergonzada, que le ayuda a generar instantes de libertad en una cárcel que, en realidad, trasciende las puertas de la prisión. Él es consciente de que la privación no termina con la sentencia. Y así lo ve hasta que a finales de los 60 se descriminaliza la homosexualidad, poniendo de relieve lo contingente de la norma.

Los baños públicos, la rendija de las compuertas de la celda, el "agujero negro" en el que castigan a los presos que no siguen las normas, son ejemplos donde Hans se reapropia del espacio para hacerlo suyo. La intimidad (en ocasiones violada como con las cámaras en los urinarios o cuando Viktor espía a través de la mirilla al más puro estilo Jean Jenet en su Un chant d’amour) es inherentemente inextinguible. Y esto es algo que Meise deja claro sin ignorar y denunciar que la intención de castigarla es cuando menos una actitud a no repetir.



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