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CRÍTICA de ESTRENOS: "UNA GRAN MUJER (BEANPOLE)"

CRÍTICA de ESTRENOS: "UNA GRAN MUJER (BEANPOLE)"

Por: Josep Lluís Mestres


Título original: Dylda

Año: 2019

Duración: 130 min.

Director: Kantemir Balagov

Guión: Kantemir Balagov, Aleksandr Terekhov

Fotografía: Kseniya Sereda

Música: Evgueni Galperine

Reparto: Viktoria Miroshnichenko, Vasilisa Perelygina, Konstantin Balakirev, Andrey Bykov, Olga Dragunova, Timofey Glazkov

Distribución: BTEAM Pictures

Género: Drama

Fecha de Estreno en Cines: 20 de Diciembre 2019


SINOPSIS

1945, Leningrado. La Segunda Guerra Mundial ha devastado la zona, demoliendo sus edificios y las vidas de sus habitantes. Dos mujeres jóvenes, Iya y Masha, lucharán por reconstruir sus vidas en una ciudad en ruinas.


OPINION

Por: Josep Lluís Mestres

Una gran mujer es el segundo título del director ruso Kantemir Balagov, quien en 2017 nos sorprendió con su Ópera Prima Demasiado cerca ganadora en el Festival de Cannes del premio Fipresci. En la película que nos ocupa en estos momentos nos atrevemos a destacar su preciosa fotografía (a cargo de Kseniya Sereda) cargada de rojos, verdes y amarillos, colores que destacan la crudeza del guion. Las actuaciones son ejemplares, principalmente las de las dos amigas, que corren a cargo de Viktoria Miroshnichenko y Vasilisa Perelygina, aunque podemos afirmar taxativamente que el resto de los actores están a la altura y, aunque no sean reconocidos por el gran público, merecen ser nombrados y aplaudidos. Junto a las dos actrices principales, nos encontramos con Konstantin Balakirev, Andrey Bykov, Olga Dragunova (que la pudimos ver en el film antes nombrado Demasiado cerca) y Timofey Glazkov. Es cierto. Hemos omitido las cintas en las que han actuado por la razón que, la mayoría de ellas, no han sido estrenadas en España, y no aportarían nada en absoluto al lector de cine.

La realización es maravillosa: los planos, movimientos de cámara, encuadres y, especialmente, las escenas que giran alrededor de las largas miradas entre Viktoria Miroshnichenko y Vasilisa Perelygina, intentando captar toda su fuerza para aturdir al espectador. El guion está bien trabajado por el mismo Balagov y Alexander Terekhov, y si algo tendríamos que decir en contra de Beanpole, sería su excesiva longitud. La cinta dura 130 minutos, aunque su duración tiene sentido, ya que nos encontramos entre vaivenes emocionales consistentes, aunque a menudo, perversos.


La película está inspirada en el libro de la escritora Svetlana Alexievich titulado La guerra no tiene rostro de mujer. El guion de Balagov, cuenta una historia gélida pero maravillosamente tramada sobre dos amigas, Iya y Masha, que empiezan a usarse mutuamente para responder a la aritmética insoluble de la vida. Todo ocurre en Leningrado, en 1945. La ciudad se encuentra totalmente devastada, dejando a la totalidad de sus ciudadanos en la miseria, tanto a nivel físico como psíquico. El asedio (uno de los peores de la Segunda Guerra Mundial) ha finalizado. Pero la vida y la muerte siguen combatiendo en el desastre que la guerra deja tras de sí.

No es una cinta para el gran público en general. Sin embargo, aconsejo que se arriesguen y vayan a verla. No se pierdan la excepcional paleta de colores: el verde astillado de las paredes del apartamento de Iya, la luz blanca y agria que empapa las ventanas del hospital, y los cientos de metros cuadrados de un perfecto escenario que se construyó para las escenas exteriores. Y todo se funde en la nieve, en el espacio, en el tiempo y todo es creíble y, al mismo tiempo, nada se siente real.


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