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CRÍTICAS de ESTRENOS: LITTLE AMÉLIE

CRÍTICAS de ESTRENOS: LITTLE AMÉLIE

"un viaje tierno y demoledor a la vez, capaz de colarse en tus recuerdos más antiguos y revolverte sin pedir permiso. Little Amélie te toca el alma con la suavidad de un susurro… y la fuerza de una verdad que todos hemos vivido"

Escrito por: Andrés García

 
Título Original: Amélie et la Métaphysique des tubes

Duración: 77 minutos

Dirección: Liane-Cho Han Jin Kuang, Mailys Vallace

Guion: Liane-Cho Han Jin Kuang, Eddine Noël, Aude Py, Mailys Vallace. Novela: Amélie Nothomb

Reparto: N/A (Animación)

Fotografía: N/A (Animación)

Música: Mari Fukuhara

Género: Drama / Animación

Distribuidora en Cines: SelectaVision y A Contracorriente Films

Fecha de Estreno en Cines: 20 de Febrero de 2026

SINOPSIS

Amélie es una niña belga nacida en Japón. Gracias a su amiga y niñera Nishio-san, su vida es una sucesión de aventuras y descubrimientos. Pero el día de su tercer cumpleaños, todo cambia.

OPINIÓN

Escrito por: Andrés García

Hay películas que no necesitas entender para sentirlas, y Little Amélie es exactamente una de esas pequeñas joyas que, sin hacer ruido, te pellizcan el corazón. La infancia dura un suspiro, pero deja marcas profundas: recuerdos luminosos, heridas silenciosas y ese extraño momento en el que empezamos a intuir que existimos. Basada en Metafísica de los tubos, el precioso relato de autoficción de Amélie Nothomb, la cinta nos invita a asomarnos al despertar de la pequeña Amélie durante los años en los que su familia vivió en Japón.

Ver el mundo con tres años es como aterrizar en un planeta desconocido: todo sorprende, todo intimida y todo emociona. Un trocito de chocolate blanco puede ser el mayor acontecimiento del día, una aspiradora se convierte en un monstruo mágico y la despedida repentina de una abuela que siempre ha estado ahí se siente como el fin del universo. Little Amélie recuerda con una claridad casi dolorosa algo que los adultos olvidamos demasiado rápido: los niños lo ven todo, lo sienten todo… aunque no entiendan nada.

Esa frase —"Cuando tienes 3 años te das cuenta de todo, pero no entiendes nada"— cae como un golpe seco. Nuestra sociedad sigue tratando a los niños como seres a medio hacer, demasiado pequeños para comprender y demasiado ingenuos para sufrir. Error. No entienden por qué sus padres cambian de humor de un día para otro, por qué su abuela rompe a llorar al recordar su juventud o por qué existen límites que nadie les ha explicado. Pero sí perciben la tristeza, la tensión, la ausencia. Sí captan cada detalle. Y lo guardan.

Porque ser niño es ser una esponja voraz: absorbes miradas, gestos, sonidos, olores y emociones sin filtro alguno. Todo queda almacenado, incluso lo que parecía anecdótico. A veces basta una onza de chocolate blanco para cambiarte la vida, o al menos para anclar un recuerdo que te acompañará siempre.

Entre los momentos más bonitos de la película brilla la relación de Amélie con la empleada del hogar, Nishio San. Su vínculo es puro, tierno, sin esa condescendencia habitual de los adultos hacia los niños. Nishio la mira de frente, la trata desde la igualdad, la respeta. A través de ella, Amélie descubre no solo lo que significa una relación sincera, sino también los primeros ecos del trauma generacional, ese dolor invisible que se hereda sin querer y que puede romperte antes incluso de comprenderlo.

Visualmente, Little Amélie es una delicia: una animación vibrante, casi hipnótica, que acompaña a una historia llena de filosofía, sensibilidad y humanidad. Es una película para todos: para verla con niños, para verla con adultos, para verla ahora o dentro de diez años y encontrar un matiz distinto cada vez. Porque, aunque su historia nace de la experiencia íntima de una niña, su mensaje es tan personal que termina siendo universal.

Al final, Little Amélie nos recuerda algo que cuesta aceptar: todos fuimos niños una vez, y quizá nunca dejamos de serlo del todo.


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