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CRÍTICA de ESTRENOS: "Un segundo"

CRÍTICA de ESTRENOS: "Un segundo"

"Un Segundo es... más que suficiente. Zhang Yimou nos recuerda que el cine es aquel viaje en el que nunca querrás dejar de embarcarte"

Escrito por: Laura Vera


Título original: Yi miao zhong / One Second

Año: 2020

Duración: 104 min.

Dirección: Zhang Yimou

Guion: Zhang Yimou. Novela: Yan Geling

Música: Lao Zai

Fotografía: Zhao Xiaoding

Reparto: Zhang Yi, Fan Wei, Chang Haijun, Li Xiaochuan, Li Yan, Liu Haocun, Liu Yunlong

Distribuidora: Vértigo Films

Género: Drama - Revolución cultural china

Fecha de Estreno en Cines: 15 de Octubre 2021


SINOPSIS

Un convicto es enviado a un campo de trabajo en el desolado noroeste de China durante la Revolución Cultural del país. Utilizando su ingenio, y con el único fin de ver a su hija, quien ha sido filmada en una película, logra escapar y huye en dirección al cine de un pueblo cercano. Allí espera encontrar esa cinta de película y hacerse con ella. Sin embargo, en dicho lugar se cruza con una vagabunda desesperada por conseguir el mismo carrete de película y que logra robarlo. Curiosamente, este enigmático objeto, que ambos anhelan por motivos muy distintos, se convertirá en la raíz de una inesperada amistad.


OPINIÓN

Escrito por: Laura Vera 

Un segundo es a veces más que suficiente para hacer un largo viaje. Y no es que Zhang Yimou no nos tenga acostumbrados a navegar por historias de revoluciones desgajadas de sus años adolescentes, pero en esta ocasión, nos presenta también su parte más tierna.

One second es la historia de un prófugo que busca el rostro de su hija en el noticiario nacional de una película sobre héroes y que se va descubriendo a sí mismo y al espectador, enfrentándose con una pequeña huérfana que busca saldar una deuda con el mismo objeto.

Una persecución como la del gato y el ratón llena de aportes cómicos y de momentos incluso divertidos. La química y contraste emocional de los protagonistas Liu Haocun y Zhang Yi, nos convence en cada mirada que comparten, que ambos eran para el otro justo lo que buscaban. Creo que Zhang Yimou transmite la nostalgia de las gentes del pueblo y de lo que el cine significa para una tierra asolada por la pobreza. "Don películas", interpretado de forma ejemplar por un Fan Wei que, con firmeza, ejerce de guía para que unas sillas y un trozo de cinta sean la casa de todos. Y conforme avanza la historia podemos apreciar que la discordancia constante de los protagonistas es solo un absurdo. Ella quiere una lámpara y él ver a su hija. Y juntos, pero no revueltos colaboran en el apéndice de la trama.


Toda una aldea unida para reconstruir una película que conseguirá hacer que todos sean felices al menos durante un rato en un mundo que no lo pone nada fácil. Porque Yimou nos recuerda cual es la esencia del séptimo arte. Que un carrete es una lamina que cuidar con esmero, que una película puede ser la única dicha que tenga un pueblo roído por la miseria. Que eso es el cine. Hacer que un fotograma que dura un segundo devuelva a un padre a su hija, y que dos metros de un carrete sirvan para que un niño en el noroeste pueda estudiar con luz. Esperábamos ansiosos a que por fin ese padre pudiera tener su consuelo y cuando la emoción nos salpica de lleno se produce el momento.

La dirección es exquisita y muy medida en planos rurales y una fotografía que medía en detalles la realidad a la que un pequeño proyector tenía que hacer frente para dar un respiro a un pueblo en guerra. La película marca su final con un salto temporal de dos años, cuando el personaje principal sale del campo de prisioneros definitivamente. La ultima parte se percibe de forma distinta. El director interrumpe el éxtasis de un padre por ver un sólo segundo de su pequeña, para plantearnos un futuro a corto plazo en el que el protagonista regresa para recuperar un fotograma perdido en un desierto. Es un final que no incomoda, pero con el que el espectador no se siente muy identificado.

En definitiva, One second es una experiencia que te ofrece aciertos humorísticos, emociones cabalgantes y una moraleja en la que Zhang Yimou nos recuerda que el cine es aquel viaje en el que nunca querrás dejar de embarcarte.

 


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