CRÍTICAS de ESTRENOS: LOS COLORES DEL TIEMPO
CRÍTICAS de ESTRENOS: LOS COLORES DEL TIEMPO
"una oda cálida a la memoria y al arte: París, el impresionismo y una familia que descubre que su pasado aún late en cada imagen"
Escrito por: Magdalena Otsu del Río
Título Original: La venue de l’avenir / Colours of Time
Duración: 124 minutos
Dirección: Cédric Klapisch
Guion: Cédric Klapisch, Santiago Amigorena
Reparto: Suzanne Lindon, Abraham Wapler, Vincent Macaigne, Julia Piaton, Zinedine Soualem, Paul Kircher, Vassili Schneider, Sara Giraudeau, Cécile De France, Vincent Pérez, François Berléand, Claire Pommet, Fred Testot, Angèle Garnier, Raïka Hazanavicius, Alice Grenier, Philippine Leroy-Beaulieu, Olivier Gourmet, François Chattot, Valentin Campagne, Cassandra Cano
Fotografía: Alexis Kavyrchine
Música: Robin Coudert
Género: Drama. Comedia
Distribuidora en Cines: Wanda Visión
Fecha de Estreno en Cines: 14 de Noviembre de 2025
SINOPSIS
Hoy, en 2025, una treintena de personas de una misma familia se enteran de que van a heredar una casa abandonada desde hace años. Cuatro de ellos, Seb, Abdel, Céline y Guy, se encargan de hacer el inventario. Estos lejanos «primos» descubrirán entonces los tesoros escondidos en esta vieja casa. Se encontrarán siguiendo las huellas de una misteriosa Adèle que abandonó su Normandía natal a los 20 años. Adèle llega a París en 1895, en un momento en que la ciudad se encuentra en plena revolución industrial y cultural. Para los cuatro primos, este viaje introspectivo por su genealogía los llevará a descubrir ese momento tan especial de finales del siglo XIX, cuando se inventó la fotografía y nació el impresionismo. Este cara a cara entre las dos épocas, 2025 y 1895, les hará cuestionar su presente y sus ideales y les revelará el significado de: Los Colores del tiempo.
OPINIÓN
Escrito por: Magdalena Otsu del Río
La película "Los Colores del Tiempo" arranca cuando una treintena de parientes descubren que tienen una herencia conjunta en una vivienda abandonada en Normandía desde la década de los cuarenta. Cuatro de los parientes se reúnen para organizar las gestiones y visitar la casa rural. Este viaje por fotos amarillas no solo los llevará a encontrar sus raíces familiares, sino una historia que los une con la vibrante Belle Époque.
La historia de esta familia se retoma al inicio de la fotografía y el movimiento impresionista, un cambio brutal en la época que marcó un hito de la revolución industrial en el arte. Lo cual se arrastra hasta el día de hoy, con la fotografía digital y la inmediatez, una evolución artística que la película busca tomar en cuenta y mostrar, sin intención de criticar demasiado.
A través de los retratos y cartas encontradas en la casa, los familiares arman un rompecabezas sobre Adele Beaumont (Suzanne Lindon), cuyas memorias se cuentan en paralelo y hacen viajar al espectador a la Francia de 1920, donde la joven deja Normandía para encontrar respuestas sobre su madre en París. Las historias, separadas por generaciones, van develando la necesidad de conocer la historia propia, la cual se vuelve mucho más grande al ir descifrando que la historia de Adele está mucho más ligada a la de París de lo que cualquiera de sus descendientes podría esperar.
La presencia de diferentes personalidades icónicas de la época, o la influencia de su trabajo, llenan la pantalla. El pintor impresionista Claude Monet y el pionero de la fotografía Gaspard-Félix Tournachon, conocido como Nadar, se contraponen al pariente más joven interpretado por Abraham Wapler, que se dedica a la fotografía y el video digital, manifestando una vena artística que hace eco al movimiento impresionista del siglo anterior.
La película no busca ser una joya y romper esquemas, más bien, la calidez con la que habla sobre la memoria y los tesoros que guardan generaciones pasadas logra conmover; hay una luz optimista sobre la creación y el arte y como aún hay quienes logran tocar una veta sensible a través de las nuevas tecnologías. Su mensaje no habla sobre crear desde cero, sino entender de dónde venimos, de dónde proviene todo y cómo esta conexión y sentido de pertenencia da sentido a la existencia y arte.
Hay un gran esfuerzo técnico para la recreación de espacios de época, con unos vestuarios extravagantes y localizaciones que buscan recrear ese aire del París clásico a orillas del río Sena o Montmartre y que la misma película menciona como cliché, aunque no le resta magia el que sea un lugar que suelen visitar, es su encanto el que sigue atrayendo gente a esa época. Al mismo tiempo, la fotografía naturalista busca evocar esos momentos de luz que capturaban los impresionistas entrando en unos trances mágicos.
Este punto resulta ser el fuerte de la narrativa, ya que el presente, si bien logra entrelazarse con el pasado, a veces cae en artificios forzados para hacer calzar la narrativa. Si bien hay un misterio que se implanta sobre la relación que puede tener la familia con algunas de estas figuras de la época, queda bastante claro a través de los indicios para dónde va a parar, lo que paradójicamente calza con una banda sonora original que evoca lo clásico del periodo, además del conocido tema homónimo "Les couleurs du temps" del cual toma el nombre la película.
Sin embargo, el cierre logra atar de buena manera las líneas temporales y cerrar de una forma noble la conexión familiar y artística de los protagonistas. La película es sobre todo una meditación sobre los cambios del arte, los motores detrás del artificio de crear y cómo ha avanzado la disciplina en el lugar que la vio nacer, el París clásico que sigue inspirando a nuevos artistas que mezcla nostalgia y añoranza por el porvenir.





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