CRÍTICAS de ESTRENOS: THE SMASHING MACHINE
CRÍTICAS de ESTRENOS: THE SMASHING MACHINE
"un puñetazo al corazón: intensa, brutal y profundamente humana. Dwayne Johnson firma el papel más emotivo y desgarrador de su carrera en una historia que duele… y conmueve"
Escrito por: Javier Fernández
Título Original: The Smashing Machine
Duración: 123 minutos
Dirección: Ben Safdie
Guion: Ben Safdie
Reparto: Dwayne Johnson, Emily Blunt, Bas Rutten, Paul Lazenby, Whitney Moore, Andre Tricoteux, Oleksandr Usyk, Jason Tremblay, Lyndsey Gavin, Paul Cheng, Yoko Hamamura, Nina Sugii, James Moontasri, Ryan Bader, Satoshi Ishii, Ryan Ventura, Zoe Kosovic, Byron Capers, Ismail Elfallahi, Jasper Salon, Naoki Tasaki, Jason Broadwell, Roberto de Abreu Filho, Marcus Aurelio, Yûki Kedôin, Adrianne Lovato, Stephen Quadros, Taylor Trujillo
Fotografía: Maceo Bishop
Música: Nala Sinephro
Género: Drama Biográfico
Distribuidora en Cines: Diamond Films
Fecha de Estreno en Cines: 3 de Octubre de 2025
SINOPSIS
La historia real del luchador Mark Kerr (Dwayne Johnson), figura clave en el origen de la UFC, que retrata su meteórico ascenso y caída en el brutal mundo de las artes marciales mixtas, al que se enfrentó con coraje y el apoyo incondicional de su mujer (Emily Blunt). Una vida condicionada por la adicción a los opiáceos, llena de ambición y sacrificio, del que fue dos veces campeón de esta disciplina.
OPINIÓN
Escrito por: Javier Fernández
Imagina por un momento cómo sería estar ahí arriba: la luz cegadora de los focos, los gritos ahogados de un público que clama tu nombre, la adrenalina recorriendo tus venas... Y tus manos, destrozadas por el esfuerzo, que vuelven a ser libres una vez más. ¿Cuánto estarías dispuesto a sacrificar para poder sentirlo todo?
El reinado de A24 parece no tener fin en un panorama cinematográfico donde las apuestas más arriesgadas y el cine de autor continúan abriéndose paso entre las producciones más convencionales. En esta ocasión, el estudio estadounidense ha confiado en la visión del mayor de los hermanos Safdie, ofreciéndonos un desgarrador espectáculo de golpes y lágrimas que narra la historia real del luchador Mark Kerr (Dwayne Johnson) y cómo su ambición por alcanzar la gloria en las artes marciales mixtas lo llevó a una agresiva espiral de consumo de sustancias y problemas conyugales.
Con un aroma a documental que impregna gran parte de la cinta, Benny Safdie despliega sus mejores recursos como director en solitario, valiéndose de una exquisita cámara en mano que transmite con precisión el agobio y conflicto interno (aunque también externo) de los personajes. A ello se le suma una elección musical realmente acertada, que combina piezas icónicas como "My Way" con composiciones originales para acompañar los momentos de mayor emoción e intimidad.
La estética también merece una mención aparte. Resulta especialmente interesante la forma en que el director nos presenta un marcado contraste entre los espacios dedicados a la práctica deportiva y el hogar de la pareja protagonista. En este último, recurre a una paleta de colores y a un mobiliario que generan una extraña sensación de anacronía, pero también de crudeza. No sería descabellado suponer que esta elección busca establecer una rima entre la violencia del deporte y la agresividad que emana de cada discusión en pareja. En ocasiones, los combates más difíciles y dolorosos se libran fuera del ring, incluso contra uno mismo.
Si bien es cierto que todo el elenco ofrece un trabajo actoral extraordinario, el broche de oro se lo lleva, sin duda, Dwayne Johnson. El actor californiano nos brinda no solo su mejor actuación hasta la fecha, también el papel más serio y dramático de toda su carrera. No era tarea fácil ajustarse a la entrega física y emocional que demanda un personaje de estas características, pero es innegable que Johnson ha dado con la tecla exacta a la hora de plasmar la complejidad psicológica de un hombre convertido en máquina, cuyo único propósito es arrasar con cualquiera que se interponga entre él y la victoria, lo único capaz hacerle sentir algo auténtico.
Paralelamente, Emily Blunt deslumbra en su interpretación de Dawn, pareja sentimental del protagonista y principal eje vertebrador del drama conyugal de la cinta. Su trabajo vuelve a ser soberbio, representando con maestría la inestabilidad y desesperación de una mujer al borde del colapso. Una mujer en ocasiones reducida a un rol complementario, incluso de servidumbre, pero que posee el mismo espíritu de lucha que su compañero de vida.
La ambición desmedida y la búsqueda de emociones confluyen con armonía en una obra cargada de simbolismo y momentos de un peso dramático superlativo, capaces de erizar la piel y conmocionar a partes iguales. La película nos golpea y nos somete del mismo modo en que el protagonista lo hace con sus oponentes, pero también deja espacio para una reflexión profundamente interesante sobre el precio del éxito y la superación de las barreras que la vida impone en el camino.
Pese a la fiereza de sus imágenes, The Smashing Machine es una oda a la búsqueda de sentido vital, a la belleza y complejidad de la condición humana, pero sobre todo, al buen cine. Cine hecho con pasión y con cariño. Cine que duele, pero que al mismo tiempo acaricia el alma.





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